Las ‘dating apps’ han encontrado la manera de recuperar el interés de la gente soltera: abogar por el ‘fitness’
Precisamente cuando series como Off Campus y Más que rivales han hecho del deporte el motor de relaciones amorosas y de los más tórridos encuentros, el mercado de las aplicaciones de citas ha encontrado en el sudor su aliado para intentar paliar el burnout del dating. ATClub se anuncia como ‘el Tinder del deporte’, y teniendo en cuenta tanto su interfaz como su forma de uso, tiene sentido. De la mano de los swypes (el acto de deslizar el dedo por la pantalla sobre los perfiles de otros usuarios para aceptarlos o descartarlos), cada usuario puede conocer a gente con la que entrenar… Y si todo va bien, para algo más.
Tras haber puesto en marcha un estudio junto a Ipsos, Bumble revela que el 41 % de los miembros de la generación Z considera que el pádel es uno de los mejores deportes para conocer gente nueva. Por eso, el año pasado la aplicación para ligar se alió con la marca de pádel LÕK y organizó eventos de este deporte en Madrid, Sevilla y Barcelona con la finalidad de que solteros y solteras se conocieran con la excusa de entrenar.
Macarena G Castrillón, instructora de Hatha Yoga, conoció a su pareja en el gimnasio, por lo que las aplicaciones de citas para amantes del deporte le parecen una gran idea. “Al final, todos filtramos de alguna manera, y si para ti el deporte es importante, ¿por qué no empezar por ahí? Es verdad que te cierran la puerta a conocer a alguien completamente distinto que te sorprenda y te cambie todos los esquemas, pero, honestamente, creo que ese porcentaje de éxito es bastante bajo. Prefiero tener una buena base en común”, explica a S Moda. “El deporte es una parte muy importante de mi vida. No es solo entrenar una hora al día, es que muchos de mis planes, parte de mi economía e incluso mis vacaciones giran alrededor de él. Me encanta viajar y aprovechar para entrenar o descubrir sitios relacionados con el deporte, así que me costaría mucho estar con alguien que no entendiera esa parte de mí”, asegura
Basta con entrar unos minutos en alguna de las aplicaciones de citas más populares para comprobar lo habitual que es que sus usuarios compartan fotografías en las que practican algún deporte. Si antes el clásico selfie del gimnasio era parte de la carta de presentación de muchos, ahora es común explicar en la biografía que practican disciplinas como Hyrox o CrossFit. Precisamente Hyrox se ha aliado con la aplicación de citas Surf para que deportistas con intereses afines puedan hacer match. Ateam proclama ser “La aplicación para ligar oficial del bienestar” y cuenta con socios como Gotham Gym, un conocido gimnasio de boxeo en el que entrenan algunas de las supermodelos más conocidas del mundo. Los responsables de la aplicación explicitan que quieren fomentar “conexiones duraderas” en lugar de relaciones pasajeras o encuentros de una sola noche. “La conexión humana es salud”, aseguran en su web.
Existe en Facebook un grupo llamado Gym Rats en el que hay un hilo llamado: “Desanimado por las experiencias en aplicaciones de citas y los niveles de condición física. Hay alguien más soltero/a en estas aplicaciones que se sienta realmente desanimado/a por la mala forma física de la mayoría de la gente?” “Es todo un reto encontrar a una persona soltera que también comparta mi pasión por el fitness”, dice un miembro del grupo. Comentarios como este demuestran por qué cada vez existen más aplicaciones adaptadas para los amantes del ejercicio físico.
En realidad, conocer gente en el gimnasio no es en absoluto nuevo y de hecho, ya en 1981 The New York Times publicó un artículo en el que proclamaba que los gimnasios eran el lugar idóneo para que la gente soltera se conociera. “Los gimnasios se están convirtiendo en los bares para solteros de los años 80”, dijo Ronald Gasaway, que entonces dirigía el American Fitness Center. Hace dos años, la web de citas Seeker ya señaló que estaba surgiendo una nueva tendencia en las aplicaciones de citas que involucra a “tribus del fitness”.
El revés oscuro del ‘match’ deportivo
Aunque es innegable que hacer deporte es beneficioso, ¿qué pasa cuando se convierte en una señal de identidad y de valor moral en el ámbito de las relaciones afectivas? Ana Morales, psicóloga general sanitaria, comenta que le preocupa la manera en la que la gente empieza a usar el cuerpo entrenado como si fuera un informe psicológico. “Vemos a alguien con buena forma física y, sin darnos cuenta, deducimos un montón de cosas que no están necesariamente ahí. Pensamos que detrás de ese cuerpo hay disciplina, pero también asumimos estabilidad emocional, madurez, capacidad de compromiso y hasta cómo va a comportarse en un conflicto. Y eso es mucho deducir de unos gemelos definidos”, asegura. Considera que el problema radica en que mucha gente confunde la disciplina corporal con la capacidad de vínculo. “El cuerpo entrenado demuestra constancia con la báscula y con el peso muerto, pero no garantiza constancia emocional. Son músculos distintos, y uno no entrena al otro. Lo que hace el mercado afectivo es coger una prueba (el físico) y usarla para responder a una pregunta que no puede responder (¿esta persona será capaz de quererme bien?). Y ahí es donde el deporte, que en sí mismo es salud, regulación emocional y comunidad, deja de ser eso y se convierte en un atajo de lectura que nos lleva a conclusiones que simplemente no se sostienen”, dice.
Ella Slater hace una interesante reflexión en Dazed. “Crear una aplicación centrada en el deporte conlleva el riesgo de perpetuar la gordofobia que ya existe en el mundo de las citas online, creando un espacio donde los usuarios tal vez nunca tengan que enfrentarse a los prejuicios que subyacen a sus preferencias”, explica antes de señalar que presentar el fitness como criterio para ser una pareja deseable implica que “las personas con sobrepeso son menos valiosas”. “La instrumentalización de la ‘salud’ como parte de la identidad conlleva un potencial más siniestro. Los grupos exclusivos —ya sean aplicaciones de citas o clubes privados— se basan en la categorización, lo cual resulta especialmente cuestionable cuando se trata de un término tan ambiguo como el bienestar, que puede abarcar desde una rutina de ejercicios intensa hasta la realización espiritual. Sin una inclusión intencionada, estas aplicaciones corren el riesgo de reforzar prejuicios profundamente arraigados sobre quién es digno de amor y por qué”, advierte.
Morales indica además que en estos momentos, la delgadez ha dejado de significar lo que significaba. “Hoy cualquiera con acceso a un GLP-1 o a un buen cirujano puede comprar ese mismo resultado en unos meses, sin tocar un gimnasio. Y en el momento en que algo se puede comprar con dinero, deja de servir para distinguir a nadie. Por eso el peso se ha quedado un poco corto como medidor de mérito, y el cuerpo fitness ha entrado a ocupar ese hueco. El músculo trabajado, la postura y la tonificación siguen siendo, de momento, mucho más difíciles de falsificar con una inyección. Hace falta tiempo, constancia e ir al gimnasio semana tras semana sin que nadie te lo aplauda. Y eso es justo lo que necesitamos ahora para poder seguir leyendo el cuerpo como un examen de carácter: una señal que aún no se pueda comprar”, dice.
Macarena G Castrillón confiesa, sin embargo, que, para ella, hay una cuestión de estilo de vida y de atracción a la hora de conocer a alguien y que efectivamente el deporte puede ser considerado un filtro importante. “No creo que me viera con un hombre sedentario, que fumase o que se emborrachase cada dos por tres. Me gusta la gente que se cuida y que tiene interés por su salud. De hecho, a mi pareja la conocí en el gimnasio y una de las cosas que más valoro. Siempre tiene curiosidad por aprender más sobre bienestar y salud”, asegura. “Saber que alguien entrena me dice mucho de su estilo de vida. Me habla de alguien que se cuida, que más o menos está sano, que probablemente no vive solo para salir de fiesta cada fin de semana, que socializa en sitios que no son únicamente los bares y que entiende cosas como el esfuerzo o el compañerismo. Incluso, según el gimnasio, puedes saber que se mueve por zonas o niveles socioeconómicos parecidos a ti”, explica.
CUPRA City Garage Madrid organiza cada mes un running club que reúne a más de 200 corredores. “Es la nueva manera de socializar de los ‘young millennials’. Aunque no es incompatible, han cambiado la noche por los tardes pero especialmente por el deporte diurno en forma de evento. Por eso en CUPRA City Garage tenemos las coffee parties y un running club en el que después de correr siempre hay algo más: dj, batidos de proteínas, comida saludable, activaciones de recuperación, etc. Y es el momento de socializar y también de ligar. En muchos casos, la gente aprovecha estos eventos para desvirtualizarse. He visto miradas e interacciones que seguro han terminado en romance”, dice.
Y aunque Dua Lipa canta en Training season que la temporada de entrenar se ha acabado, la gente soltera demuestra no estar en absoluto de acuerdo.
FUENTE / EL PAÍS
