Según el nutricionista Felipe Baier tomamos más del doble recomendado: «Gran parte no es del salero, sino de los propios alimentos»
Nos gustan los alimentos salados. Evolutivamente, el sodio es vital para el sistema nervioso y nuestro cerebro nos premia. Pero no podemos ignorar la divulgación que se ha hecho en los últimos años sobre la necesidad de ajustar nuestras dosis de sal si no queremos acarrear consecuencias en nuestra salud, como la subida de nuestra tensión arterial.
Hay quien dice de todo que «le falta sal», pero Felipe Baier, tesorero del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunitat Valenciana (CODiNuCoVa), afirma que el paladar se adapta rápidamente a la cantidad de sal que consumimos y que reducirla no tiene por qué impedir que disfrutemos de las comidas.
-¿Hay alguna manera de controlar realmente nuestro consumo de sal, si en general todo tiene sal (carne fresca, agua, etc.)? ¿Cuál es la cantidad adecuada?
-El verdadero problema del consumo de sal es su aporte de sodio. Muchos alimentos tienen sodio, y lo encontramos en grandes cantidades, por ello es importante tenerlo en cuenta antes de agregar más, en forma de sal, a las comidas. La sal común se usa de saborizante, potenciador del sabor y conservante en algunos casos, pero el exceso en nuestra dieta puede generar problemas de salud como la hipertensión arterial. La OMS recomienda no consumir más de 5 gramos al día, cantidad que se supera fácilmente cuando hay ultraprocesados en nuestra alimentación, por lo que evitarlos ya es un gran avance.
-¿Qué más recomendarías para controlar el consumo de sal?
-Lo básico es priorizar en nuestra alimentación alimentos frescos, especialmente aquellos que son de origen vegetal como las frutas, las verduras, las legumbres o los frutos secos naturales. Otra recomendación sería evitar los ultraprocesados y, en el caso de los procesados y conservas, vigilar que no tengan grandes cantidades de sal añadida. Esto podemos consultarlo leyendo el etiquetado. Lo ideal es que sean productos sin sal añadida o con un bajo contenido en sal al aportar menos de 0,3g de sal por cada 100 g o ml de producto. Estas son algunas recomendaciones generalistas, pero acudir a un dietista-nutricionista colegiado nos puede ayudar a controlar el consumo de sal y establecer patrones de alimentación más saludables, ya que cada persona tiene un contexto propio y es importante individualizar. No son iguales las pautas a seguir por una persona sin enfermedades que la de una que ya sufre algún problema de salud, como la hipertensión, excesos de colesterol y/o triglicéridos u otras patologías.
-¿Cuáles son los mitos, prejuicios o ideas erróneas que están extendidas sobre la sal y que habría que desmentir?
-Es frecuente encontrar mensajes que atribuyen propiedades casi milagrosas a determinados tipos de sal, como la sal rosa del Himalaya. Esta suele promocionarse como una alternativa más saludable al contener más minerales, pero la realidad es que es nutricionalmente irrelevante por las cantidades habituales de consumo, sumado a que la recomendación general es reducir el consumo de sal, de cualquier tipo. Por otro lado, muchas personas relacionan comer sin sal con comer insípido, y esto es un error, ya que la comida puede ser sabrosa si los alimentos que usamos son de calidad y las recetas nos ayudan a potenciar los sabores mediante el uso de otros ingredientes, como las especias, hierbas aromáticas, ajo, cebolla, cítricos, vinagres o incluso técnicas culinarias variadas. Conviene ser críticos con los mensajes publicitarios de los envases, porque suelen generar confusión. Un ejemplo sería ver la frase «sin sal añadida», que es útil, pero aún así deberíamos revisar los ingredientes y la tabla nutricional para tener un buen criterio. Para aprender esto es muy recomendable contar con la ayuda de un dietista-nutricionista colegiado que puede acompañar y trabajar desde la educación alimentaria.
-¿Cuántos tipos de sales hay?
-Hay muchos tipos, aunque generalmente las más sencillas de ver en tiendas son la sal del Himalaya, la sal yodada y la sal común, aunque también podemos ver sales ahumadas, aromatizadas y demás. En general, todas ellas son una fuente de sodio con pequeñas diferencias en sabor, textura o contenido mineral, pero tienen la misma función, beneficios y perjuicios que la sal común de mesa.
-¿Dirías que socialmente la sal está muy demonizada por sus efectos en la salud? ¿O al contrario, que aún falta concienciación?
-Definitivamente falta concienciación. Según el informe ‘¿Cuánto sabemos de Alimentación?’ elaborado por el CODiNuCoVa, el 80% de la población valenciana afirma que añade sal a sus comidas de forma habitual sin valorar previamente si los alimentos ya contienen sodio. Además, la hipertensión arterial afecta ya al 20,6% de la población valenciana, situándose por encima de la media nacional. Este dato es especialmente relevante, ya que gran parte del sodio que consumimos no procede del salero, sino de los propios alimentos. Muchas personas añaden sal por costumbre antes incluso de probar la comida, sin tener en cuenta que numerosos productos ya contienen cantidades significativas de sodio. Entre ellos encontramos embutidos, carnes procesadas, quesos curados, conservas, panes, snacks salados, salsas comerciales, platos preparados y muchos productos ultraprocesados. Más que demonizar la sal, debemos aprender a ser conscientes de dónde se encuentra. Un primer paso muy sencillo es probar los alimentos antes de añadir sal y acostumbrarse a consultar el etiquetado nutricional. Pequeños cambios como este pueden ayudar a reducir el consumo total de sodio sin renunciar al sabor ni al disfrute de la comida.
-¿Por qué se utiliza tanta sal en la comida rápida, procesada y ultraprocesada de mala calidad?
-Porque es un potenciador de sabor económico que mejora la palatabilidad de las comidas, es decir, que hace que la comida sepa mejor y queramos más. Además, hay varios conservantes y antibacterianos con base de sodio, muy presentes en este tipo de productos.
-¿Qué dato curioso sobre la sal o sus efectos te gustaría compartir?
-El dato que comentábamos previamente es que alrededor del 80% de la población afirma añadir sal a sus comidas de forma habitual, pese a que gran parte del sodio que consumimos ya procede de los propios alimentos y especialmente de procesados y ultraprocesados. Nuestro paladar se adapta rápidamente a la cantidad de sal que consumimos. En apenas unas semanas, reduciendo progresivamente su uso, muchas personas vuelven a percibir sabores que antes quedaban enmascarados por el exceso de sal.
-¿Qué beneficios y problemas conlleva consumir sal?
La sal aporta sodio, un mineral esencial para funciones como la transmisión nerviosa, la contracción muscular o el equilibrio de líquidos. El problema generalmente aparece cuando consumimos más cantidad de la necesaria. En la población joven y sana los efectos negativos suelen pasar desapercibidos, pero con los años nos pasa factura, favoreciendo el aumento de la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud estima que el exceso de sodio se asocia a aproximadamente 1,9 millones de muertes al año en todo el mundo, principalmente por enfermedades cardiovasculares. Los excesos no suelen tener consecuencias inmediatas y por ello no los tenemos en cuenta comúnmente. Lo que hacemos hoy influye en nuestro riesgo cardiovascular dentro de 10, 20 o 30 años.
-¿Qué aporta nutricionalmente la sal y los alimentos salados?
-La sal común de mesa nutricionalmente nos aporta sodio, el cual es un mineral que usamos en el cuerpo, pero que también se obtiene de otros alimentos, por lo que agregar sal a nuestra comida puede ser un riesgo a largo plazo.
-Si vamos a un supermercado, ¿con qué productos habría que tener especialmente cuidado?
-Muchas personas asocian la sal únicamente a alimentos con sabor muy salado, pero realmente se encuentra en muchos productos que pasan desapercibidos. Conviene revisar especialmente los embutidos, las conservas, los snacks, sopas y caldos preparados, salsas comerciales, platos precocinados y listos para consumir. La OMS advierte que la mayor parte de la población mundial consume alrededor de 11 gramos de sal al dia, siendo más del doble de los 5 gramos diarios recomendados, proviniendo esta principalmente de productos ultraprocesados. Por ello, no solo debemos tener ojo con la sal que agregamos a los alimentos, sino con los grupos de alimentos que ya sabemos que son ricos en sodio.
FUENTE / LAS PROVINCIAS
