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Así evoluciona nuestro gusto musical desde la niñez hasta la etapa adulta

El cambio en nuestra cultura musical está muy asociado a las distintas etapas del desarrollo humano y de su conocimiento.

La relación que los seres humanos mantienen con la música no es estática, sino que experimenta transformaciones profundas a medida que se transita por las distintas etapas del desarrollo.

Un reciente estudio realizado con 1.878 participantes ha arrojado luz sobre cómo la genética y el entorno moldean este interés desde los siete años hasta la adultez establecida, aproximadamente a los 33 años.
La investigación, basada en el Estudio de Adopción/Gemelos de Colorado (CATSLife), analizó la estabilidad de la participación musical a través de evaluaciones en edades clave: siete, 10, 12 y 16 años. Los hallazgos sugieren que, aunque existe una continuidad moderada en el interés musical, los factores que la impulsan varían significativamente según el género y la madurez del individuo.

El peso de la herencia frente al ambiente

Uno de los descubrimientos más notables del informe, difundido por Wiley Online Library, es que las influencias genéticas adquieren mayor relevancia conforme las personas crecen. No obstante, este fenómeno se manifiesta de forma distinta entre hombres y mujeres:
  • En los varones, la proporción de variabilidad explicada por factores heredados aumenta progresivamente desde la infancia.
  • En las mujeres, la estabilidad del interés musical depende más de los entornos compartidos, tales como el vecindario, la escuela y el hogar.
  • La heredabilidad del compromiso musical resultó ser superior en los niños durante su etapa inicial.
  • El contexto social y el apoyo familiar se revelaron como elementos fundamentales para el desarrollo de la inclinación musical en las niñas.

Del aprendizaje temprano a los hábitos del adulto

El estudio también exploró si el hecho de tomar clases o mostrar interés en la juventud garantiza un vínculo activo con la música en la madurez. Los resultados indican una correlación moderada entre la participación temprana y la frecuencia con la que se tocan instrumentos al llegar a los 30 años. Curiosamente, no se halló una relación significativa entre el interés infantil y el hábito de simplemente escuchar música en la adultez.
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Foto:Istock

Esto sugiere que, mientras la práctica activa de un instrumento parece estar influenciada por la combinación de estímulos tempranos y predisposición genética, el hábito de escucha pasiva evoluciona de forma más independiente de las experiencias de la niñez.

Impacto en el bienestar y desarrollo cognitivo

Más allá de la preferencia personal, la participación musical en edades tempranas se asocia con beneficios tangibles en la salud mental y el desarrollo lingüístico y cognitivo. Sin embargo, los autores de la investigación subrayan que este compromiso es un fenómeno dinámico y no está garantizado a largo plazo, ya que depende de la interacción constante entre la biología y el contexto social.
Fomentar el acceso a la educación musical y contar con recursos de apoyo en el entorno familiar son estrategias clave para potenciar habilidades que pueden impactar positivamente la trayectoria vital de una persona.
Comprender que la música es un proceso moldeado por la herencia y el entorno permite diseñar mejores formas de promover el bienestar integral desde la infancia.
FUENTE / EL TIEMPO

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